martes, 7 de septiembre de 2010

La Banda de los Originales

Si ser pretencioso es sorprenderse de los disvaríos de la cotidianidad, viajar hasta lugares recónditos con mis nulos recursos para dialogar con hombres simples y honestos, retratar la nostalgia que ellos y yo padecemos, enbelesarse con los sonidos de los metales, las percusiones, el arroyo y el viento...
si aún peor: compartirlo, entonces soy muy pretencioso.

Mis amigos de la banda Los Originales en un pequeño poblado de la sierra de Otontepec, husteca veracruzana...

Jóvenes que portan armas musicales y una sonriza que te desarma. Banda de viento, banda de añoranza y nostalgia, banda de esperanza...

¡Son de verdad portadores de una identidad maravillosa!


La milpa es un espejo de las épocas arcaicas, la tuba es un espejo del cielo y sus sonidos son el espejo de un momento en el que mi corazón dejo de latir para convertirse en instrumento.
Sonoridad de rayos, de derrumbes catastróficos, de olas tormentosas, de rescabrajamiento de la montaña, de percusión interna..


A un lado de nosotros, dos niños jugaban en el agua y como los sonidos de los acordes musicales de la banda, trastocaban los límites del universo perceptible de quienes conviviamos en este lugar mítico: San Juan Otontepec, Chontla.










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