viernes, 31 de julio de 2009

Tierra Caliente (segunda parte) CENTINELAS Y SOBREVIVIENTES

LOS CENTINELAS





Charla con Doña Elpidia Vda. De Tavira

Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009


Conviviendo en casa de Don Ángel Tavira , en las orillas de la ciudad de Iguala.

Acompañó a está foto un guiso de Pollo a la Crema, que según nos relata doña Elpidia, era el favorito de Don Ángel. El platillo, era degustado cuando había un festejo y en esta ocasión, la sola memoria de Don Ángel fue el motivo para preparar esta comida.

El Altar de don Ángel

Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009


Inmediatamente después de fallecer Don Ángel, el 30 de junio de 2008, le fue colocado este altar donde la luz de esta vela jamás se ha apagado. Don Ángel es convertido así en Centinela de los viejos Sobrevivientes que ejercen, a pesar de los contratiempos, las tradiciones de Tierra Caliente.

Su Luz simboliza en mi ámbito espiritual personal, la ruta entre pasado y presente, el camino entre la vida y la muerte, la esperanza de los Sobrevivientes a ser también Centinelas algún día…



“El violín” con partituras

Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009


Don Ángel Tavira no era en realidad actor, pero es parte esencial de dos películas. Si bien es cierto que su personaje es ya parte del cine mexicano, sus acordes de violín son indispensables para la música tradicional, desde toda su vida anterior.

Profesor Ángel Tavira le llaman en Iguala, donde es más conocido por su labor de docente para los jóvenes de secundaria, para quiénes preparaba manuales y transcribía la música de Tierra Caliente. Sus partituras, al igual que su Violín son el alimento que le permitió sobrevivir y trasmitir a otros sus referentes de vida.

Su Violín conserva ese aire de nostalgia parecido al de una habitación sin sus habitantes, donde se escuchan aun los ecos disueltos de las voces, los pies que caminan, las risas y los murmullos de las confesiones…



“El violín” y su listón

Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009


Don Ángel perdió su mano a los 13 años de edad al estallarle un cohetón cuando trataba de lanzarlo en una fiesta patronal en su pueblo natal, Corral Falso. Ello no le impidió continuar desarrollando su pasión por la música y con su instrumento más cercano: el violín. Así aprendió a tocarlo, con el arco amarrado a su muñón con un listón de algodón. De este modo pudo ejecutar sin problema los sones, pasos dobles y música tradicional de su amada Tierra Caliente




Cementerio de Corral Falso, Mpio. de Ajuchitlán, Guerrero.

Corral Falso, Ajuchitlán, Guerrero, 1 de abril, 2009


“ Cada vez que considero

que me tengo que morir

tiendo mi capa en el suelo

y me harto de dormir

En el cementerio entré

buscándola como un loco

y me respondió la muerte:

esa niña quiere a otro”


(fragmentos de la Malagueña)


Aquí yace Don Ángel, bajo la misma tierra en la que su ombligo fue enterrado al nacer… claro que bajo la sombra de un Capire.




Luz y Violín en la tumba de Don Ángel


A casi un año… en junio.

Corral Falso, Ajuchitlán, Guerrero, 31 de marzo, 2009


Por ti la misma sangre -tuya y mía-
corre el alma de nadie siempre abierta.
Por ti la angustia es sombra de la puerta
que no se abre de noche ni de día.

Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.

Hoy hace un año, Junio, que nos viste,
desconocidos, juntos, un instante.
Llévame a ese momento de diamante
que tú en un año has vuelto perla triste.


Carlos Pellicer

HORAS DE JUNIO (fragmento)


Don Ignacio Sánchez, Arteaga, Michoacán

Apenas si nos acabamos de enterar de la muerte de Don Nacho en últimos días del mes de julio, de este 2009.

Cuando realicé esta imágen, en el mes de junio, aún había cierta esperanza familiar que su diagnóstico estuviera equivocado y poderlo sanar. Maestro de la vihuela, se une a los centinelas que vigilan la tradición en donde esté.





martes, 7 de julio de 2009

Tierra Caliente, una mirada al paisaje y su gente

Primera Impresión: La tierra que refleja al cielo

Decir Tierra Caliente en nuestros días es pensar en los horrores mediáticos que dominan gracias al espectro hertziano del mundo circundante. Sin embargo, nada más erroneo y sin sustento. Me atrevo a poner de por medio mi esperanza y pretendo mostrar con mi envestidura de "ilusionista imagenario" a otras realidades más cercanas a lo que allá importa y sucede. Si bien es cierto que hay violencia, esta no se da como una respuesta a las creencias y cultura y vida cotidiana de la gente que habita estas vastas latitudes.

Tierra Caliente es una región, es una franja de historia y paisaje que tiene que ver más con las dificultades de la existencia que con la abundancia. Si bien los ríos que la recorren - Balsas, Tepalcatepec y Armería- nutren de agua para la agricultura y la ganadería, su nombre está ganado a pulso: temperaturas de más de 40 grados continuos, amplias zonas semideserticas y con todo, antigua ruta de arrieros que recorrían sus caminos con cargamentos de liensos, sal, vinos, cantos, poesía y relatos de otras tierras...

La Sal de Colima era llevada tierra adentro, al tiempo que llegaban a las costas pacíficas las Chilenas y en las vaquerías se festejaba el fin de la labor con sones y música de arpa y violín.
Ser de Tierra Caliente significa ser heredero de una tradición de resistencia agreste y cuerpo danzante. Saborear del zapateado desprendido de los compaces melódicos que dan las cuerdas en su rasgueo, de las voces de lamento de los jananeos, de los murmullos del río al doblar la montaña...

Sol, agua y viento son la partes que nutren el corazón del terracalenteño. Su espiritu de migrante no es nuevo, lo a acompañado desde tiempos inmemorables.

El sombrero de Tierra Caliente es aun una característica cultural que define a quiénes se apegan a sus tradiciones. En Tlapehuala, Guerrero, se fabrican la mayor parte de los sombreros que se venden en la región, pero es de señalar que su forma es singular: de ala ancha y copa plana.




Tendemos a culpar a la manipulación TV (que si existe), a la importación de una cultura volatil que cambia de piel según modas y comercio. Pero hay algo más profundo que esto: el rompimiento de las estructuras sociales tradicionales de las urbes y campo, la perdida de tierra que unía al hombre con su medio, la fragilidad de los tiempos en donde la memoria pierde valides y se suplanta por impresiones rápidas y fugaces a la conciencia. Y ello no es gratuito, mi sorpresa es ser ingenuo por tantos años y descubrir que esto reditua mucho dinero a unos cuantos.
La identidad a pesar de ello se arraiga por otras vías: recobrando segmentos de ritmos y mitos originarios que al hacerse presente en este tiempo, estimula la parte antigua de la memoria y nos enlaza con los rituales arcáicos más ancestros; y sin darnos cuenta evocamos a la tradición que siempre concervamos como parte de nosotros.



LOS MÚSICOS DE TIERRA CALIENTE

La música es otra cualidad de la cultura actual de Tierra Caliente. Así como subsiste el son jarocho, el son huasteco y otros estilos musicales tradicionales, el son terracalenteño es una expresión viva y presente. Sin embargo, resulta dificil entender los procesos actuales de perdida de identidad, ya que la misma migración, presente en la región desde hace mas de 60 años, no había logrado ser un elemento de cambio.



Don Isaías Salmeron es un músico de más de 90 años que representa - junto con Don Angel Tavira (+) , Juan Reynoso (+) , Natividad Leandro- a los músicos tradicionales que han dado continuidad y vigor a el estilo de Guerrero, caracterizado por el uso de la tamborita.
En esta imagen don Isaías en su casa, en Tlapehuala Guerrero nos toca un son y responde a las preguntas que le hacíamos para el docunmental "Bajo el Ala del Sombrero" coproducción Tierra Tiempo y Contratiempo-CONACULTA


Don Isaías toca su violín con maestría y orgullo, compositor y alegre viajero que continua difundiendo sus sones y los de la tradición de Tierra Caliente

Partituras de don Isaías: Partituras que con su notación propia escribe. Vale la pena señalar que el archivo de composiciones de este músico es muy grande.

Perdo Ignacio es heredero de la tradición musical por vía consanguinea directa. Su padre, Plutarco Ignacio, fue en vida un violinista muy entregado a su oficio. Pedro aprendió algo de violín de pequeño pero se marcho de joven a trabajar al vecino país del norte. Muchos años despues en una visita a su hogar y ver a su padre muy viejo, ademças de caer en cunta que era uno de los pocos que guardaban la tradición musical, Pedro tomo conciencia de la importancia de esta labor. Así, a la muerte de su padre, Pedro Ignacio retoma el violín y al antiguo grupo que don Plutarco acompañaba y ahora continua tocando y dando clases a ñinos en la casa de cultura de Tlapehuala, Guerrero.




Ejemplo de Son Terracalenteño de Arpa Grande de la región de Apatzingan, Michoacán



Ejemplo de son compartido en las "sub regiones" de Tierra Caliente, La Chachalaca



Taurino Duarte, magnífico arpista terracalenteño interpreta El Javalín, luego el grupo de arpa grande los Gavilanes continuan el son en los festejos de octubre en Apatzingan.

viernes, 5 de junio de 2009

San Miguel Aguasuelos, la herencia creadora de los dioses


A la memoria de mi amiga y ceramista de San Miguel Aguasuelos Tere Vásquez



La cerámica tradicional, es una actividad que poca importancia tiene para la inmensa mayoría de los habitantes de México. Ello sin duda es debido a que es una actividad desarrollada por personas de pequeños pueblos de diversos puntos del país, generalmente de ascendencia indígena aunque en ocasiones muchas no se reconocen así.

La tradición tiene ese olor a viejo que las nuevas generaciones siempre despreciamos en un primer contacto, pero su otro aspecto es el del profundo conocimiento del medioambiente de parte de quienes la ejercen, de las relaciones entre hombre y naturaleza en una región y un sistema de prácticas de subsistencia basado en la armonía del hombre con la tierra y el cosmos. También es regulado por los recuerdos y el pasado antiguo. Sin embargo, la transmisión de la herencia cultural se diluye en los nuevos tiempos, en la que a veces lo que menos importa es el propio humano.


Así, mi interés me llevó a observar otra cerámica, la cerámica que hacen con sus manos esas mujeres y cuecen aglutinadas en hornos de piedra y a base del calor de la leña, la de la tierra que muelen después de ir caminando por varios kilómetros a desenterrar, despedazar, cernir y preparar para modelar. La que después de bruñir con piedras, decoran con adornos de barro trenzado y con plumas de ave pintan motivos floridos que en su acontecer diario llevan con ellas. Esa cerámica que a veces se vende muy barata en los mercados de los pequeños pueblos de las sierras, otras veces solo está colgada en las cocinas de las casas de las montañas.

Entendí entonces que una tradición es útil, no solo materialmente porque pueden echar agua dentro de algo creado con ella, o cocinar con ella o venderla en el mercado, sino también espiritualmente porque la crean, porque contienen una pequeñita parte de las manos de cada mujer que le da forma. Porque además cada pieza tiene una pequeña parte del pasado antiguo y remoto de los seres que la inventaron y la practicaron a través de muchos, muchos años...

La niebla iba y venía del camino de terracería y dejaba mirar las montañas cuando se disipaba, pero luego las ocultaba rápidamente. Así en algún punto divisé a lo lejos algo parecido al mar, pero me parecía increíble de creer que en este sitio de la geografía veracruzana pudiera ocurrir y las nubes me taparon esta repentina aparición.

Al llegar al poblado este tenía un aspecto antiguo, de casas pequeñas con techos de dos aguas de teja y un pórtico al frente. Pregunte a un hombre que cabalgaba en una mula que cargaba leña por las calles de Aguasuelos, por las personas que hacían figuras de barro. Me miró sonriente tendiendo un gran puente de amistad con su mirada y me ofreció llevar con ellas. Era Fulgencio, supe su nombre después de que me llevó con su mujer y las decenas de piezas que secaban en el patio y en el pórtico. El café acompaño la fría tarde, pero la calidez me hizo sentir en un lugar que ya conocía. También Fulgencio me presentó a Teresa su hermana, una de las mejores ceramistas. También me llevó con doña Benita y varias emprendedoras mujeres que sentadas en un banquillo tomaban con una mano al barro y con la otra dibujaban un arco que iba de una tinaja de agua a la pieza que moldeaban. Y quedé absorto entre los movimientos de sus manos que recorrían la superficie de sus piezas y un punto infinito que tocaban con sus trazos en el aire.

Piezas aveces ollas, a veces floreros, a veces campanas en forma de mujer...



En particular miré una especie de bordado dibujado en el barro que adornaba la superficie de las ollas y jarras. Trenzado que unía al cielo y al inframundo, trenzado que suspendía a la tierra, torzal mallinali que reflejaba el arriba y el abajo y ellas en el medio. Visión cósmica, de las mujeres de Aguasuelos.



Ellas dedican hasta ahora la mitad de su existencia a cultivar la antigua tradición de la cerámica, la otra mitad a alimentar a sus familias, cuidar sus pollos, a procrear y vivir en un entorno que mira hacia la costa que está al norte donde en las mañanas se dibujaba el brillo del sol reflejada en el agua... Descubrí entonces que sus ojos no dejaban de mirar hacia a las montañas, pero cuando se cerraban lo que veían era el inmenso océano.


Hay pueblos que permanecen estáticos al devenir de las épocas. Sus pobladores viven de la misma manera de siempre, sus pensamientos tienen la misma coherencia a pesar de la lejanía de los siglos y su mundo real no se reduce al que habitan, sino al que está más allá del mar, del sol y las estrellas. Su vida traspasa la cotidianidad del ejercicio de la simple supervivencia y se recrea en imágenes cósmicas que se repiten dentro de su memoria en forma de sueños, las plasman en sus palabras, las hacen realidad en sus figuras de barro, les dan vida en y con la tierra.
Tienen hilos conductores entre los tiempos y por ello siguen permaneciendo aquí, como las frágiles nubes que inundan sus calles por la tarde, y viajan sin detenerse ascendiendo montañas y penetrando los pórticos de las casas.




Dar forma al barro y utilizar ancestrales instrumentos de cocción son los
principales hilos conductores con los tiempos arcaicos, donde la tierra y el agua son amasadas cuidadosamente, sin otros instrumentos que las manos de las mujeres. Presente y pasado unidos por una tradición persistente.


Hoyos de tiempo que recobran la memoria perdida y resurgen en un presente incierto, donde la noche en que las imágenes muertas resucitan en el día de la serpiente ascendente, cuando el sol trastoca los extremos de su horizonte, como ráfaga de sombras en las escalinatas en los templos: es la presencia de los dioses en la tierra.
Ritual antiguo que llega como la suave niebla del lomerío, manos que se deslizan entre el barro, manos que dan vida a personajes mitológicos y a los mismos hombres del maíz., después el corazón sangrante que se dilata ante la vida que se le escabulle entre el fuego y da paso a la nueva vida. Mujeres que miran al océano cuando cierran sus ojos, profundo universo que se refleja en el oscuro fondo de la olla que se cuece en el horno de brazas… ¿Cómo atreverse a trastocar estos fractales de tiempo?




Vientre de mujer, cuellos altos, cinturas menudas, brazos fuertes y delgados, movimientos armónicos para las formas creadas, alquimia antigua que descubrió en la tierra algo más valioso que el oro. Símil de creación divina que da vida a las imágenes, el tiempo no tiene rumbo y una lluvia de galaxias milenarias estalla en las profundidades de la tierra. Ritual mítico que ofrenda a cada pieza la posibilidad de la contemplación a otros mundos, firmamento de virtudes, universo finito, tierra de hombres y mujeres sencillos, encumbramiento de los dioses de la naturaleza. Enigma fugaz que despierta nuevos temores de viejas deidades, membrana del cosmos que encierra un éter finito y dual de cualidades: lleno y vacío. Por lo demás, la cerámica es por si sola un razón de vida para las mujeres que a ella se dedican…


Hace unos meses fui en búsqueda de Teresa Vásquez, había muerto hace poco, enferma de neumonía. Pero encontré a su hija que ahora continuaba la tradición de su madre, vi a su bebé que mecía en una hamaca, mire el maíz en la esquina de la habitación, listo para desgranarse. Miré el horizonte de nuevo y comprendí porque los ojos de Teresa miraban al mar...

Ella era el mismo océano arcaico, ella era el mar vibrando en un cuerpo, ella era la fuerza del mito y la tierra, deseando desbordar.


viernes, 29 de mayo de 2009

De agua y tierras inundadas es mi escencia






Si alguién me pregunta como empezó todo le responderé que con el agua de los pantanos de Nacajuca y las inundaciones de noviembre. Las tierras bajas e inundables, los popales y los cayucos recorriendo enormes distancias, los tambores y flautas de carrizo de Don Fernando y Eleuterio que tocaban un son antiguo y las yerbas medicinales de Don Julio que recorría decenas de kilometros a diario para ver a sus pacientes.
La vida comienza y termina en el agua, en la pesca de mojarras y siembra de maíz en camellones, en una danza de bailaviejo o caballito, en un trago de balché en una jícara ahumada, de una mordedura de nauyaca, en una corriente de agua infinita que arraza con todo...Sí se y conozco de navegantes, y también se que les llamo Chontales porque no hay otros que les igualen. Además son personas de habilidades varias, constructores de embarcaciones, pescadores, inventores de historias, de música y de cantos. Con un profundo conocimiento del medio ambiente, los Chontales tabasqueños poseen una identidad propia, admirable.

El navegante Chontal lo es desde niño. De niño aprende ahuecar un árbol para construir su cayuco, desde niño se atreve a surcar lagunas y pantanos; los recorre de punta a rabo, traza sus rutas imaginarias con precisión asombrosa, tira sus anzuelos y luego regresa con tenhuayacas para la comida. Así, desde niño aprende los cantos del viento y la música del agua...

Desde tiempos inmemorables son los dueños de los pantanos y la costa, porque solo navegando se les podía recorrer y ellos vivian aquí desde entonces.
Con todo, aveces los pescadores no regresan. Una vez me contaron una historia en la que encontraron a 2 experimentados pescadores flotando a la deriva junto a su cayuco en medio del pantano. Fueron los duendes, o los enanos, de esos a los que le cantó Arcadio Hidalgo algún día.


Para mi estas tierras negadas y anegadas son el verdadero ombligo del mundo, eje del universo, matriz de mitos y creencias, centro cosmogónico de todos los tiempos, principio y fin de la vida, hogar y cuna de dioses, del pensamiento la escritura y la palabra. No exagero, el que otros no lo puedan ver no significa que no sea cierto. Yo lo mire de cerca y lo viví en carne propia...


jueves, 28 de mayo de 2009

Tiempo de Muertos y Agradecimiento por la Cosecha

Asi como existe un tiempo para la siembra y pedir a los Dioses del monte y del trueno por la lluvia y la buena fortuna para las semillas y los vivos, existe también un tiempo para agradecer a los Dioses del inframundo por haber regalado una buena cosecha. También es tiempo de pedir a los mismos Dioses, el cuidado de las almas de nuestros muertos...

En la Huasteca, que no son muchas sino una sola identidad, la gente agradece en los primeros fríos - es decir, cuando los dioses del inframundo se hacen presentes- por las bondades recibidas. Junto con ellos vienen los familiares muertos de visita y siempre es bueno ofrendarles velas, inciensos, bordados a mano, frutas, aguardiente, flores, tamales, mole, carnitas, aguardiente, rezos y un arco por donde pasarán al mundo de los vivos por unos días.


El maíz es tal vez, el elemento más antiguo de la cultura milenaria de la huasteca y los pueblos descendientes de las culturas prehispanicas. En torno a este elemento se crean muchos relatos y mitos que rememoran la creación del hombre y el mundo. La siembra del maíz sigue siendo un ritual que revive esa continuidad del universo desde antaño hasta nuestros días, por ello también las cañas de maíz, los atoles, el balche, las mazorcas y semillas, están presentes en los altares de Xantolo. Además, el maíz es la principal parte de la cosecha que se agradece.
Decir Xantolo en la Huasteca es decir espiritualidad desbordada por los pueblos, música para los muertos, aromas de velas y zempazuchitl, cantos nahuas y otomies, vestidos blancos, caminatas con ollas llenas de alimentos al cementerio... Xantolo es uno de los ejes míticos del mundo antiguo que sigue vivo en el corazón de los pueblos huastecos y en el nuestro también.
Estas fotos las realice en la las comunidades cercanas a Chicontepec en noviembre de 1989. Agradezco a sus habitantes por ellas y también les agradezco compartir su visión del mundo.

lunes, 25 de mayo de 2009

Recordando a Guillermo Bonfil Batalla*






El México profundo está formado por una gran diversidad de pueblos, comunidades y sectores sociales que constituyen la mayoría de la población del país. Lo que los une y los distingue del resto de la población mexicana es que son grupos portadores de maneras de entender el mundo y organizar la vida que tienen s origen en la civilización mesoamericana, forjada aquí a lo largo de un dilatado y complejo proceso histórico…

Las expresiones actuales de esa civilización son muy diversas: desde las culturas que algunos pueblos indios han sabido conservar con mayor grado de cohesión interna, hasta la gran cantidad de rasgos aislados que se distribuyen de manera diferente en los distintos sectores urbanos. La civilización mesoamericana es una civilización negada, cuya presencia es imprescindible reconocer.

La Conquista fue una invasión violenta. La violencia (la violencia física, sangrienta, sanguinaria, brutal) no fue un episodio inicial: ha sido un signo permanente de la relación con los pueblos indios desde el siglo XVI hasta nuestros días.

* notas del libro México Profundo