Un espacio personal para contribuir a la construcción de la realidad.
Descubrir, trasmitir, encontrar identidades.
Permitir mirar la existencia de elementos diversos que ofrecen las culturas tradicionales, los rasgos humanos que de ellos hemos heredado y algunos entornos mitológicos que nos hacen actuar.
Tenemos que mejorar el entorno, tenemos que humanizar y reconstruir nuestro espacio real...
La laguna es un gran motivo de risa, de juego, de enigmas e historias por vivir y contar. Aquí en esta laguna jugamos desde los primeros recuerdos. Pescar también es un juego, sobrevivir así lo es también.
Un niño pescador mira a la nada, como quien mira el silencio. En este espacio encuentra una esencia vital que le muestra los matices de la vida. Un niño pescador se encuentra y se mira a si mismo en un gran espejo de agua.
El niño músico juega a divertir y entretener a su alma. Le canta canciones y con su corno lee notas mágicas que recuerdan los sonidos del viento entre las montañas, entre los altos árboles, entre las madrigueras de las comadrejas que luego de tocar hay que perseguirlas para que no se coman a las gallinas.
El Abuelo jinete: Vamos de regreso a casa, pues traemos una carga de júbilo que es suficiente para que el fogón arda toda la semana y desparrame de su calor hacia otros hogares. Vamos de regreso a casa, a cocinar los sueños que mañana nos darán vida...
A esto llamamos el juego de la vida. Entre una tormenta y un amanecer somos parte de un cosmos lejano que a diario inventa y reinventa nuevas reglas del juego. Igualmente existen miles de soluciones, cientos de alternativas posibles, pero la manera de llegar al siguiente nivel es siempre saltando hacia arriba.
¿ Si me río atravieso tu lente y me dejas reír con los demás?
El que no juega pierde, sal a jugar ahora y verás más allá de lo que lograras mirar desde tu ventana.
Solo nos reunimos aquí, en los antiguos templos, una vez al año. Observamos al mundo circundante con nuestros ojos bien puestos en nuestra cabeza. Solos recorremos el aire que nos rodea. Observarémos también, sin juzgar, desde esta colina a la gente que nos llama idiotas...
Un amigo me dijo que la nada es igual al todo en la vida, por ello va visitar su tumba cada diez años y comprueba así, que aun está aquí. Dicho esto, sigue su juego en vida.
LOS SOBREVIVIENTES Don Beto Pineda, una sonrisa como regalo. Apatzingan, Michoacán, 22 de octubre de 2006.
Sobrevivir es existir a pesar de que las condiciones materiales y espirituales de vida, de tajo nos las han arrebatado. Unos mueren temprano, pero otros nos aferramos al acto de sobrevivir.
Así, sobrevivir es el acto de crear un mundo en el cual uno y sus sueños tengan cabida, y mas aún, puedan hacerse crecer y desarrollar de nuevo, para así continuar viviendo. Pero también los sobrevivientes contagian a otros y comienzan sin saberlo, a crear un mundo aparte, un mundo que propone alternativas, que impulsa esperanzas, un mundo poético, imaginario pero posible, de pensamientos, imágenes, letras y notas musicales que se arraiga a la tierra de labranza y a las paredes de concreto, a los cielos nocturnos, a los montañas desoladas, un mundo para sobrevivientes en el que los cantos, bailes y acordes de violines, guitarras y arpas, son su alimento…
Los aquí descritos, son algunos de estos sobrevivientes, en este caso, en el campo de la música tradicional de Tierra Caliente.
A Don Beto Pineda le fue arrebatada la posibilidad de tocar su violín hace varios años al perder la movilidad de su brazo derecho, pero ya antes este mundo había cambiado.
Don Leandro Corona, regreso a la Huacana
La Huacana, Michoacán, 21 de octubre de 2006.
Pese a la grandeza de su música y violinista, pese a las grabaciones hechas de su estilo por Raúl Helmer, pese a tanta alegría regalada, el olvido carcomió el corazón de don Leandro un día.
Abandonado en su casa de madera, casi sin poder caminar, con la voz apagada y menguada de tristeza lo encontramos un día de octubre de 2005.
Al año siguiente, a sus 99 años, algo pasó en el rostro de Don Leandro Corona que reflejaba más vitalidad que en año anterior y ahora platicaba de sus alumnos y sus clases, del reencuentro con gente joven y de la alegría de saber que afuera de su pequeña casa, sabía el mundo que existía.
Algo paso en Tierra Caliente y continua pasando, porque al año siguiente, en el festejo de sus 100 años, el violín regresó a sus brazos y un antiguo amor renació. Ahora me he enterado que Don Leandro tendrá gente joven y entusiasta, dispuesta a aprender de él, que estará cerca de él…
Castulo Benites en eljardín de su casa
Castulo Benítez de la Paz a los 81 años en la actualidad es otro sobreviviente. Después de haber tocado al lado de Juan Reynoso toda una vida, y dedicarse a la interpretación de la música de Tierra Caliente,Castulo es otro sobreviviente que hasta hace poco daba clases de guitarra en la casa de cultura de Cd. Altamirano. Pero Castulo tiene el alma moribunda y el ánimo disuelto entre los recuerdos y un futuro incierto.
Fumando un poco de nostalgia
Ciudad Altamirano, Guerrero, 1 de abril, 2009
No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.
No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.
Cesar Pavese (Mañana)
Usted Sabe: me quedan algunos meses de vida.
Los elegidos de los dioses seguimos estando a la izquierda del corazón.
Debidamente condenados como herejes.
Cuando sepas que he muerto, no pronuncies mi nombre.
Conviviendo en casa de Don Ángel Tavira , en las orillas de la ciudad de Iguala.
Acompañó a está foto un guiso de Pollo a la Crema, que según nos relata doña Elpidia, era el favorito de Don Ángel. El platillo, era degustado cuando había un festejo y en esta ocasión, la sola memoria de Don Ángel fue el motivo para preparar esta comida.
El Altar de don Ángel
Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009
Inmediatamente después de fallecer Don Ángel, el 30 de junio de 2008, le fue colocado este altar donde la luz de esta vela jamás se ha apagado. Don Ángel es convertido así en Centinela de los viejos Sobrevivientes que ejercen, a pesar de los contratiempos, las tradiciones de Tierra Caliente.
Su Luz simboliza en mi ámbito espiritual personal, la ruta entre pasado y presente, el camino entre la vida y la muerte, la esperanza de los Sobrevivientes a ser también Centinelas algún día…
“El violín” con partituras
Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009
Don Ángel Tavira no era en realidad actor, pero es parte esencial de dos películas. Si bien es cierto que su personaje es ya parte del cine mexicano, sus acordes de violín son indispensables para la música tradicional, desde toda su vida anterior.
Profesor Ángel Tavira le llaman en Iguala, donde es más conocido por su labor de docente para los jóvenes de secundaria, para quiénes preparaba manuales y transcribía la música de Tierra Caliente. Sus partituras, al igual que su Violín son el alimento que le permitió sobrevivir y trasmitir a otros sus referentes de vida.
Su Violín conserva ese aire de nostalgia parecido al de una habitación sin sus habitantes, donde se escuchan aun los ecos disueltos de las voces, los pies que caminan, las risas y los murmullos de las confesiones…
“El violín” y su listón
Iguala Guerrero, 31 de marzo, 2009
Don Ángel perdió su mano a los 13 años de edad al estallarle un cohetón cuando trataba de lanzarlo en una fiesta patronal en su pueblo natal, Corral Falso. Ello no le impidió continuar desarrollando su pasión por la música y con su instrumento más cercano: el violín. Así aprendió a tocarlo, con el arco amarrado a su muñón con un listón de algodón. De este modo pudo ejecutar sin problema los sones, pasos dobles y música tradicional de su amada Tierra Caliente
Cementerio de Corral Falso, Mpio. de Ajuchitlán, Guerrero.
Corral Falso, Ajuchitlán, Guerrero, 1 de abril, 2009
“ Cada vez que considero
que me tengo que morir
tiendo mi capa en el suelo
y me harto de dormir
En el cementerio entré
buscándola como un loco
y me respondió la muerte:
esa niña quiere a otro”
(fragmentos de la Malagueña)
Aquí yace Don Ángel, bajo lamisma tierra en la que su ombligo fue enterrado al nacer… claro que bajo la sombra de un Capire.
Luz y Violín en la tumba de Don Ángel
A casi un año… en junio.
Corral Falso, Ajuchitlán, Guerrero, 31 de marzo, 2009
Por ti la misma sangre -tuya y mía-
corre el alma de nadie siempre abierta.
Por ti la angustia es sombra de la puerta
que no se abre de noche ni de día.
Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.
Hoy hace un año, Junio, que nos viste,
desconocidos, juntos, un instante.
Llévame a ese momento de diamante
que tú en un año has vuelto perla triste.
Carlos Pellicer
HORAS DE JUNIO (fragmento)
Don Ignacio Sánchez, Arteaga, Michoacán
Apenas si nos acabamos de enterar de la muerte de Don Nacho en últimos días del mes de julio, de este 2009.
Cuando realicé esta imágen, en el mes de junio, aún había cierta esperanza familiar que su diagnóstico estuviera equivocado y poderlo sanar. Maestro de la vihuela, se une a los centinelas que vigilan la tradición en donde esté.
Decir Tierra Caliente en nuestros días es pensar en los horrores mediáticos que dominan gracias al espectro hertziano del mundo circundante. Sin embargo, nada más erroneo y sin sustento. Me atrevo a poner de por medio mi esperanza y pretendo mostrar con mi envestidura de "ilusionista imagenario" a otras realidades más cercanas a lo que allá importa y sucede. Si bien es cierto que hay violencia, esta no se da como una respuesta a las creencias y cultura y vida cotidiana de la gente que habita estas vastas latitudes.
Tierra Caliente es una región, es una franja de historia y paisaje que tiene que ver más con las dificultades de la existencia que con la abundancia. Si bien los ríos que la recorren - Balsas, Tepalcatepec y Armería- nutren de agua para la agricultura y la ganadería, su nombre está ganado a pulso: temperaturas de más de 40 grados continuos, amplias zonas semideserticas y con todo, antigua ruta de arrieros que recorrían sus caminos con cargamentos de liensos, sal, vinos, cantos, poesía y relatos de otras tierras...
La Sal de Colima era llevada tierra adentro, al tiempo que llegaban a las costas pacíficas las Chilenas y en las vaquerías se festejaba el fin de la labor con sones y música de arpa y violín. Ser de Tierra Caliente significa ser heredero de una tradición de resistencia agreste y cuerpo danzante. Saborear del zapateado desprendido de los compaces melódicos que dan las cuerdas en su rasgueo, de las voces de lamento de los jananeos, de los murmullos del río al doblar la montaña...
Sol, agua y viento son la partes que nutren el corazón del terracalenteño. Su espiritu de migrante no es nuevo, lo a acompañado desde tiempos inmemorables.
El sombrero de Tierra Caliente es aun una característica cultural que define a quiénes se apegan a sus tradiciones. En Tlapehuala, Guerrero, se fabrican la mayor parte de los sombreros que se venden en la región, pero es de señalar que su forma es singular: de ala ancha y copa plana.
Tendemos a culpar a la manipulación TV (que si existe), a la importación de una cultura volatil que cambia de piel según modas y comercio. Pero hay algo más profundo que esto: el rompimiento de las estructuras sociales tradicionales de las urbes y campo, la perdida de tierra que unía al hombre con su medio, la fragilidad de los tiempos en donde la memoria pierde valides y se suplanta por impresiones rápidas y fugaces a la conciencia. Y ello no es gratuito, mi sorpresa es ser ingenuo por tantos años y descubrir que esto reditua mucho dinero a unos cuantos. La identidad a pesar de ello se arraiga por otras vías: recobrando segmentos de ritmos y mitos originarios que al hacerse presente en este tiempo, estimula la parte antigua de la memoria y nos enlaza con los rituales arcáicos más ancestros; y sin darnos cuenta evocamos a la tradición que siempre concervamos como parte de nosotros.
LOS MÚSICOS DE TIERRA CALIENTE
La música es otra cualidad de la cultura actual de Tierra Caliente. Así como subsiste el son jarocho, el son huasteco y otros estilos musicales tradicionales, el son terracalenteño es una expresión viva y presente. Sin embargo, resulta dificil entender los procesos actuales de perdida de identidad, ya que la misma migración, presente en la región desde hace mas de 60 años, no había logrado ser un elemento de cambio.
Don Isaías Salmeron es un músico de más de 90 años que representa - junto con Don Angel Tavira (+) , Juan Reynoso (+) , Natividad Leandro- a los músicos tradicionales que han dado continuidad y vigor a el estilo de Guerrero, caracterizado por el uso de la tamborita. En esta imagen don Isaías en su casa, en Tlapehuala Guerrero nos toca un son y responde a las preguntas que le hacíamos para el docunmental "Bajo el Ala del Sombrero" coproducción Tierra Tiempo y Contratiempo-CONACULTA
Don Isaías toca su violín con maestría y orgullo, compositor y alegre viajero que continua difundiendo sus sones y los de la tradición de Tierra Caliente
Partituras de don Isaías: Partituras que con su notación propia escribe. Vale la pena señalar que el archivo de composiciones de este músico es muy grande.
Perdo Ignacio es heredero de la tradición musical por vía consanguinea directa. Su padre, Plutarco Ignacio, fue en vida un violinista muy entregado a su oficio. Pedro aprendió algo de violín de pequeño pero se marcho de joven a trabajar al vecino país del norte. Muchos años despues en una visita a su hogar y ver a su padre muy viejo, ademças de caer en cunta que era uno de los pocos que guardaban la tradición musical, Pedro tomo conciencia de la importancia de esta labor. Así, a la muerte de su padre, Pedro Ignacio retoma el violín y al antiguo grupo que don Plutarco acompañaba y ahora continua tocando y dando clases a ñinos en la casa de cultura de Tlapehuala, Guerrero.
Ejemplo de Son Terracalenteño de Arpa Grande de la región de Apatzingan, Michoacán
Ejemplo de son compartido en las "sub regiones" de Tierra Caliente, La Chachalaca
Taurino Duarte, magnífico arpista terracalenteño interpreta El Javalín, luego el grupo de arpa grande los Gavilanes continuan el son en los festejos de octubre en Apatzingan.
A la memoria de mi amiga y ceramista de San Miguel Aguasuelos Tere Vásquez
La cerámica tradicional, es una actividad que poca importancia tiene para la inmensa mayoría de los habitantes de México. Ello sin duda es debido a que es una actividad desarrollada por personas de pequeños pueblos de diversos puntos del país, generalmente de ascendencia indígena aunque en ocasiones muchas no se reconocen así.
La tradición tiene ese olor a viejo que las nuevas generaciones siempre despreciamos en un primer contacto, pero su otro aspecto es el del profundo conocimiento del medioambiente de parte de quienes la ejercen, de las relaciones entre hombre y naturaleza en una región y un sistema de prácticas de subsistencia basado en la armonía del hombre con la tierra y el cosmos. También es regulado por los recuerdos y el pasado antiguo. Sin embargo, la transmisión de la herencia cultural se diluye en los nuevos tiempos, en la que a veces lo que menos importa es el propio humano.
Así, mi interés me llevó a observar otra cerámica, la cerámica que hacen con sus manos esas mujeres y cuecen aglutinadas en hornos de piedra y a base del calor de la leña, la de la tierra que muelen después de ir caminando por varios kilómetros a desenterrar, despedazar, cernir y preparar para modelar. La que después de bruñir con piedras, decoran con adornos de barro trenzado y con plumas de ave pintan motivos floridos que en su acontecer diario llevan con ellas. Esa cerámica que a veces se vende muy barata en los mercados de los pequeños pueblos de las sierras, otras veces solo está colgada en las cocinas de las casas de las montañas.
Entendí entonces que una tradición es útil, no solo materialmente porque pueden echar agua dentro de algo creado con ella, o cocinar con ella ovenderla en el mercado, sino también espiritualmente porque la crean, porque contienen una pequeñita parte de las manos de cada mujer que le da forma. Porque además cada pieza tiene una pequeña parte del pasado antiguo y remoto de los seres que la inventaron y la practicaron a través de muchos, muchos años...
La niebla iba y venía del camino de terracería y dejaba mirar las montañas cuando se disipaba,pero luego las ocultaba rápidamente.Así en algún punto divisé a lo lejos algo parecido al mar, pero me parecía increíble de creer que en este sitio de la geografía veracruzanapudiera ocurrir y las nubes me taparon esta repentina aparición.
Al llegar al poblado este tenía un aspecto antiguo, de casas pequeñas con techos de dos aguas de teja y un pórtico al frente.Pregunte a un hombre que cabalgaba en una mula que cargaba leña por las calles de Aguasuelos, por las personas que hacían figuras de barro. Me miró sonriente tendiendo un gran puente de amistad con su mirada y me ofreció llevar con ellas.Era Fulgencio, supe su nombre después de que me llevó con su mujer y las decenas de piezas que secaban en el patio y en el pórtico. El café acompaño la fría tarde, pero la calidez me hizo sentir en un lugar que ya conocía. También Fulgencio me presentó a Teresa su hermana, una de las mejores ceramistas.También me llevó con doña Benita y varias emprendedoras mujeres que sentadas en un banquillo tomaban con una mano al barro y con la otra dibujaban un arco que iba de una tinaja de agua a la pieza que moldeaban. Y quedé absorto entre los movimientos de sus manos que recorrían la superficie de sus piezas y un punto infinito que tocaban con sus trazos en el aire.
Piezas aveces ollas, a veces floreros, a veces campanas en forma de mujer...
En particular miré una especie de bordado dibujado en el barroque adornaba la superficie de las ollas y jarras. Trenzado que unía al cielo y al inframundo, trenzado que suspendía a la tierra,torzal mallinali que reflejaba el arriba y el abajo y ellas en el medio. Visión cósmica, de las mujeres de Aguasuelos.
Ellas dedican hasta ahora la mitad de su existencia a cultivar la antigua tradición de la cerámica, la otra mitad a alimentar a sus familias, cuidar sus pollos, a procrear y vivir en un entorno que mira hacia la costa que está al norte donde en las mañanas se dibujaba el brillo del sol reflejada en el agua... Descubrí entonces que sus ojos no dejaban de mirar hacia a las montañas, pero cuando se cerraban lo que veían era el inmenso océano.
Hay pueblos que permanecen estáticos al devenir de las épocas. Sus pobladores viven de la misma manera de siempre, sus pensamientos tienen la misma coherencia a pesar de la lejanía de los siglos y su mundo real no se reduce al que habitan, sino al que está más allá del mar, del sol y las estrellas. Su vida traspasa la cotidianidad del ejercicio de la simple supervivencia y se recrea en imágenes cósmicas que se repiten dentro de su memoria en forma de sueños, las plasman en sus palabras, las hacen realidad en sus figuras de barro, les dan vida en y con la tierra. Tienen hilos conductores entre los tiempos y por ello siguen permaneciendo aquí, como las frágiles nubes que inundan sus calles por la tarde, y viajan sin detenerse ascendiendo montañas y penetrando los pórticos de las casas.
Dar forma al barro y utilizar ancestrales instrumentos de cocción son los principales hilos conductores con los tiempos arcaicos, donde la tierra y el agua son amasadas cuidadosamente, sin otros instrumentos que las manos de las mujeres. Presente y pasado unidos por una tradiciónpersistente.
Hoyos de tiempo que recobran la memoria perdida y resurgen en un presente incierto, donde la noche en que las imágenes muertas resucitan en el día de la serpiente ascendente, cuando el sol trastoca los extremos de su horizonte, como ráfaga de sombras en las escalinatas en los templos: es la presencia de los dioses en la tierra. Ritual antiguo que llega como la suave niebla del lomerío, manos que se deslizan entre el barro, manos que dan vida a personajes mitológicos y a los mismos hombres del maíz., después el corazón sangrante que se dilata ante la vida que se le escabulle entre el fuego y da paso a la nueva vida. Mujeres que miran al océano cuando cierran sus ojos, profundo universo que se refleja en el oscuro fondo de la olla que se cuece en el horno de brazas… ¿Cómo atreverse a trastocar estos fractales de tiempo?
Vientre de mujer, cuellos altos, cinturas menudas, brazos fuertes y delgados, movimientos armónicos para las formas creadas, alquimia antigua que descubrió en la tierra algo más valioso que el oro. Símil de creación divina que da vida a las imágenes, el tiempo no tiene rumbo y una lluvia de galaxias milenarias estalla en las profundidades de la tierra. Ritual mítico que ofrenda a cada pieza la posibilidad de la contemplación a otros mundos, firmamento de virtudes, universo finito, tierra de hombres y mujeres sencillos, encumbramiento de los dioses de la naturaleza. Enigma fugaz que despierta nuevos temores de viejas deidades, membrana del cosmos que encierra un éter finito y dual de cualidades: lleno y vacío. Por lo demás, la cerámica es por si sola un razón de vida para las mujeres que a ella se dedican…
Hace unos meses fui en búsqueda de Teresa Vásquez, había muerto hace poco, enferma de neumonía. Pero encontré a su hija que ahora continuaba la tradición de su madre, vi a su bebé que mecía en una hamaca, mire el maíz en la esquina de la habitación, listo para desgranarse. Miré el horizonte de nuevo y comprendí porque los ojos de Teresa miraban al mar...
Ella era el mismo océano arcaico, ella era el mar vibrando en un cuerpo, ella era la fuerza del mito y la tierra, deseando desbordar.